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Este
artículo reúne algunas reflexiones sobre el actual
rol transformador de las instituciones alternativas, a partir de
mi experiencia en el Schumacher College de Inglaterra, un centro
internacional donde se estudia ecología profunda y se practica
el encuentro entre los nuevos paradigmas científicos y la
espiritualidad. Allí asistí durante un mes a un curso
sobre Filosofía, Cosmología y Evolución de
la Conciencia.
Al
llegar al cuarto que me habían asignado, encontré
sobre la pequeña mesada un cuaderno azul con cinco estrellas
plateadas en la tapa y una simpática carita dibujada en su
primera hoja. Alguien que había estado allí antes,
le deseaba en inglés al próximo residente del cuarto
N15 que pudiera tener una estadía maravillosa en ese mágico
lugar, tal como era de suponer que él o ella había
tenido; y le pedía que si no deseaba usarlo lo pasara a otro
compañero. Nunca sabré quién lo escribió
y lo dejó allí tan generosamente. Pero esa fue mi
primera bienvenida al Schumacher College. Auguraba ya, algo de la
magia y del sentido de comunidad que me impregnaron durante el siguiente
mes allí. Por supuesto, adopté el legado como mi cuaderno
de notas; y regalé el que había llevado a un compañero
que se había olvidado el suyo. Pero sin duda, y pese a que
promediando la segunda semana ya lo había completado; lo
más importante que aprendí en el Schumacher College
no fue todo lo que anoté en mi cuaderno azul, sino todo aquello
que podría llamar "aprendizaje invisible".
"Muchos
participantes en los cursos llegan inicialmente buscando aprender
de los eminentes profesores que dictan aquí sus clases, tales
como Fritjof Capra, James Hillman, Vandana Shiva, Arne Naess, James
Lovelock o Rupert Sheldrake" -dice Satish Kumar, ex monje jainista
que actualmente es Director de Programas del College y editor de
la revista Resurgence, dedicada a promover valores ecológicos
y espirituales- "Pero después de dos o tres semanas
aquí se dan cuenta que no es sólo en la sala de clases
donde se aprende, sino que a través de todas las demás
tareas prácticas compartidas -cocinar, limpiar, lavar- se
va despertando un profundo sentido de alegría y espiritualidad".
El ritmo diario comienza con un período de meditación.
Se comparten la quietud y el silencio, más allá de
las palabras y las nacionalidades; luego el compromiso de colaborar
con las tareas comunes, reunidos en pequeños grupos que se
reparten entre la cocina y la limpieza. Entre las 10 de la mañana
y la 1 del mediodía es el tiempo dedicado a las clases teóricas.
Después del almuerzo, la tarde transcurre entre caminatas,
juegos, artesanías o tiempo libre para lecturas, reuniones
de tutoría con los docentes o sencillamente el descanso personal.
Por la noche, los participantes pueden ofrecer exposiciones sobre
sus temas o trabajos y los jueves se realiza una charla del docente
abierta a la comunidad de los alrededores.
Lenta
e imperceptiblemente se va instalando una rutina donde todo es importante
y especial, desde fregar papas o limpiar baños hasta compartir
un insight intelectual o una emoción profunda. Algo de lo
que Thomas Moore enseña en su curso "El reencantamiento
de la vida cotidiana" y también en su libro "El
cuidado del alma": "Cuando prestamos atención a
cada detalle de nuestras actividades diarias, lo ordinario se transforma
en extraordinario. Cuando insuflamos espíritu en lo mundano,
todo lo que hacemos se transforma en un sacramento". Esta frase
resume en cierta forma la filosofía que inspira a este lugar.
Por su parte, Satish lo dice así: "El College es un
lugar para la indagación, donde gente de todas partes del
mundo, con muy distintas formaciones, vienen a vivir y aprender
juntos; compartiendo el deseo de comprender las complejidades de
la crisis ambiental de nuestro planeta y de la pérdida del
sentido de las vidas individuales. Como Thomas Moore, creo que algunas
de las respuestas a estas preocupaciones prácticas y espirituales
de nuestro tiempo residen en cambios muy simples que podemos realizar
en la manera de interactuar con los demás y con la Naturaleza.
Y esto es lo que se pone en práctica en el Schumacher College".
El camino de lo pequeño
Cuando algunas cifras y datos estadísticos nos muestran la
dimensión aterradora de la actual crisis planetaria en seguida
nos sentimos apabullados por la urgencia y proporción de
los cambios que serían necesarios para sanear la situación
y restablecer el equilibrio. Algo de nuestas viejas costumbres,
no del todo erosionadas por la decepción de haber querido
"cambiar el mundo" a la fuerza, nos impulsa a arremeter
decidida y planificadamente. Pero algo felizmente ha cambiado. Cada
vez más personas en el mundo sentimos que ya no se trata
sólamente de cambiar el afuera, sino también de transformar
el adentro. Nuestro interior ha sido tan dañado como el exterior,
nuestras almas necesitan curarse tanto como nuestros mares y nuestras
selvas. Y esto nos permite vislumbrar un camino mucho más
viable y al alcance de la mano: el camino de lo pequeño.
Ya
en 1973 el economista alemán E.F.Schumacher -de quien el
College ha tomado su nombre- proponía la desmitificación
del culto al crecimiento ilimitado y a gran escala en su obra clásica
"Lo pequeño es hermoso". A medida que la globalización
nos arroja cada vez más lejos de la escala humana, el retorno
a lo local, a las microeconomías, a las comunidades reducidas,
a los espacios personales y el valor de los pasos graduales se hacen
más y más necesarios. Y así nos damos cuenta
también de que el gran cambio global depende de nuestro modesto
cambio individual, de que gran parte de la belleza de lo pequeño
reside en que es posible. Si cada ser humano emprendiera el camino
de la transformación personal no tardaría en alcanzarse
un punto crucial que llevaría a la transformación
general. Y ésta es una de las claves de la experiencia en
instituciones como Schumacher College.
James
Cowan, poeta y antropólogo australiano que compartió
allí un curso sobre los vínculos entre la ecología
y la psicología lo dice en estos términos: "El
mundo no va a cambiar hasta que yo cambie, y es este cambio el que
hará la diferencia. El secreto de la filosofía Schumacher
es que cada uno emprenda pequeñas acciones en su vida diaria
para cambiar las cosas". Estando allí esto parece bastante
natural. El verdadero desafío comienza al regresar a casa.
¿Cómo sostener esta actitud? ¿Cómo ir
despacio en medio del vértigo urbano? ¿Cómo
ser solidario en la selva competitiva? ¿Cómo mantener
la conexión con lo natural en un paisaje tapado de cemento?
¿Cómo resistirse a la pseudoventajas del consumo ilimitado?
¿Cómo conservar el eje que nos mantiene alineados
con el Universo en medio de este parque de grotescas atracciones
en que se ha convertido el mundo?
En
la reunión de despedida, Stephen Harding -un biólogo
miembro del staff- nos sugirió una metáfora propia
de su especialidad, la ecología profunda; nos instaba a sentirnos
semillas esparciendo hacia los confines más distantes del
planeta, la vida y el espíritu de lo que habíamos
aprendido allí. Ahora, nuevamente en mi casa, retomando el
trabajo frente a mi computadora, cuando más me agijonean
esas preguntas, recuerdo la imagen del árbol que distribuye
sus semillas al viento, y me ayuda a reencontrar el sentido.
Conocimiento como servicio
Creo que una de las preguntas que más necesitamos formularnos
es la pregunta por el sentido de lo que hacemos ¿Por qué
o para qué lo hacemos? Nuestro actual estilo de vida nos
impulsa a seguir una carrera de hacer y hacer, con poco tiempo y
espacio para reflexionar sobre el significado y las consecuencias
de nuestras acciones. Nos sentimos más cómodos en
la acción que en la reflexión, en el movimiento que
en la quietud. Aunque nada ha de cambiar si no saltamos de esa rueda
y nos detenemos a mirar y percibir lo que estamos haciendo. Una
de las maravillas del detenerse, del darse tiempo y abrir la percepción
es que lentamente comienza a emerger esta sutil dimensión
del sentido. Dondequiera que estemos, esto es posible.
Este
fue uno de mis aprendizajes invisibles. Por eso, de vuelta en Buenos
Aires, me pregunto: ¿qué sentido tiene enseñar,
aprender, transmitir, organizar cursos y dirigir una institución
que busca abrir nuevos espacios para pensar y hacer? ¿Cómo
estar sintonizados con los vientos del cambio que respiré
en la Schumacher y al mismo tiempo no perder de vista la nutriente
conexión con nuestras propias tradiciones ancestrales? ¿Qué
sentido tiene el adquirir conocimientos? ¿Qué hacer
después con ellos?
Quisiera compartir aquí lo que escribió un participante
del curso "El reencantamiento de la vida cotidiana", que
dictan Thomas Moore, Robert Sardello y Anne Baring: "En el
sistema educativo en general, el conocimiento es poder. A través
del conocimiento aprendemos a controlar a la Naturaleza y a la gente.
Pero en el Schumacher College me he dado cuenta de que el conocimiento
es un instrumento de servicio más que de poder; el conocimiento
nos hace humildes. Aprendí a cuidar mi alma, a cuidar a la
Tierra y a cuidar a otras personas. Este viaje desde el materialismo
a la espiritualidad es un viaje desde el control al servicio".
Esta parecería ser la esencia de la actual transformación;
tanto a nivel individual como global los humanos hemos emprendido
el viaje desde la autoafirmación individualista hacia el
reencuentro amoroso con las partes relegadas de la totalidad. Del
egoísmo al amor, del control a la entrega; del poder del
dominio, al poder del servicio.
Y así,
encuentro en esta función del conocimiento como servicio,
el sentido transformador de las instituciones donde se desarrolla
no sólo la reflexión estimulante sino el aprendizaje
global de una nueva forma de vida.
Viene
a mi memoria también la interesante analogía que Rick
Tarnas, uno de nuestros profesores, utilizó en su charla
abierta: "Hoy en día las instituciones alternativas
están llevando adelante un tipo de enseñanza que es
crítica para la transformación de nuestra actual visión
del mundo, y que no se desarrolla en los centros académicos.
Creo que estamos viviendo algo muy similar a lo que sucedió
en Europa hace unos 500 años. Sobre el final de la Edad Media
las universidades se habían tornado bastante cerradas y escolásticas,
los círculos académicos se encontraban obsesionados
por sutilezas terminológicas y se enseñaba exclusivamente
en un lenguaje lógico, sólo comprensible para los
especialistas; pero no se ocupaban de los grandes temas. Es en este
clima en el que durante el siglo XV comienzan a soplar nuevos vientos
y se produce un cambio cultural, tanto en lo intelectual como en
lo espiritual, que trae consigo el surgimiento de una nueva era.
Pero no es justamente en las universidades donde se gesta ese cambio,
sino en las instituciones periféricas, como la academia de
Ficcino en Florencia. Centros como éste significaron la apertura
y la introducción en Europa de las antiguas tradiciones egipcias,
griegas, caldeas, neoplatónicas y neopitagóricas,
que fueron la fuente no sólo de los artistas renacentistas,
sino de la misma revolución copernicana, que desembocó
luego en el pensamiento científico y en la Modernidad. Haciendo
un paralelo encuentro que estamos viviendo algo muy parecido: los
vientos de cambio que hoy están trayendo un nuevo paradigma
para concebir y vivir el mundo contemporáneo no soplan en
el 'establishment' académico, sino en las instituciones alternativas".
Nota: Las citas han sido extraídas de dos artículos:
"Spirituality at Work" de Satish Kumar y "Schumacher
College - a Holistic Approach to Learning" de Wolfgang Gerster,
con excepción de la última de Rick Tarnas que es una
traducción personal a partir de la grabación de su
charla.
Recuadro
"Filosofía, Cosmología y Conciencia"
Este
curso consiste en una visión panorámica del programa
de maestría y doctorado que con este mismo nombre se dicta
en el Centro de Estudios Integrales de California (CIIS) en los
Estados Unidos, donde se abordan las complejas relaciones entre
filosofía, ciencia y religión y la manera particular
en que éstas han perfilado la visión del mundo que
caracteriza a nuestra cultura occidental. El programa incluye areas
aparentemente tan diversas como la historia de las ideas, la cosmología,
la metapsicología, la evolución de la conciencia,
la mitología, el pensamiento esotérico, los estudios
sobre los nuevos paradigmas, el ecofeminsmo, las cosmovisiones indígenas,
y las relaciones entre ciencia y espiritualidad.
La
primera semana, Stanislav Grof se explayó sobre su teoría
de las matrices perinatales y la organización del campo de
lo transpersonal, así como sobre las implicancias de las
últimas investigaciones en psicología y psicoterapia
para la comprensión de la psique humana, enfatizando el potencial
curativo de los estados no ordinarios de la conciencia.
La
segunda semana, Richard Tarnas (director del programa en el CIIS
y autor del libro "The Passion of Western Mind") presentó
una apasionada relación entre el estado actual de la visión
del mundo occidental y su perspectiva histórica. Acentuó
tanto los logros como los aspectos problemáticos del espíritu
prometeico de la mente occidental moderna. Y se refirió a
la investigación que junto con Grof desarrollaron durante
10 años en el Instituto Esalen como resultado de la cual
encontraron notables correlaciones entre posiciones planetarias
y estados psicológicos.
La
tercera semana, William Keepin (físico ambientalista, co-director
del Instituto para el Futuro Sustentable de Colorado en los Estados
Unidos) exploró con recursos pedagógicos más
vivenciales que discursivos, la emergente integración entre
ciencia y espiritualidad, a través de la física moderna
y en especial de la teoría holográfica de David Bohm.
La
última semana, Charlene Spretnak (activa ecologista californiana,
autora de "Estados de Gracia" y su último libro
aún no traducido "Resurgence of the Real") hizo
una síntesis de los diversos campos en los cuales va emergiendo
el paradigma ecológico o, siguiendo su denominación
el "posmodernismo reconstructivista".
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