ARTE PRECOLOMBINO DE LA ARGENTINA

Por Ana María Llamazares

Orígenes tempranos
Las expresiones de arte indígena más antiguas de la Argentina son pictografías que se encuentran en las paredes rocosas de cuevas y abrigos que fueron habitados por cazadores-recolectores hace unos 10.000 años antes del presente. En la Patagonia meridional la Cueva de las Manos, sobre el cañadón del Río Pinturas, Santa Cruz, concentra cientos de manos pintadas con técnica negativa (se apoya la mano sobre la roca y se sopletea la pintura alrededor), decenas de imágenes de guanacos -la presa principal del antiguo cazador patagónico-; trazos geométricos y representaciones humanas muy esquemáticas. Este sitio ha sido declarado por la UNESCO patrimonio de la humanidad en diciembre de 1999 y es uno de los puntos preferidos del turismo.

Entre octubre y marzo recibe unos 7000 visitantes. Más al sur, a orillas del Lago Argentino, Santa Cruz, se encuentra Punta Gualicho, el primer sitio descubierto en la Patagonia por el explorador Francisco P. Moreno (ver guia pp.418). Existen numerosos sitios con arte rupestre en la Patagonia, pero de difícil acceso y sin facilidades para el turismo. En el extremo Noroeste argentino los antiguos artistas indígenas tambien dejaron sus testimonios en el sitio Inca Cueva, ubicado sobre la quebrada del mismo nombre, próxima a la localidad y la quebrada de Humahuaca. Motivos geométricos muy simples ejecutados por medio de líneas o puntos, pintados con pincel o directamente con los dedos, en rojo, negro y blanco, corresponden a cazadores-recolectores que vivieron allí hace unos 4 o 5.000 años. En la cueva principal, los arqueólogos han podido reconstruir una larga secuencia pictórica de unos 10.000 años de duración, que abarca desde estas primeras pinturas geométricas, hasta los registros del encuentro de los indígenas con los conquistadores españoles, consignados en imágenes de jinetes con armas y raras vestimentas, que contrastan con las simples representaciones de hombres emplumados tomados de las manos o en actitud danzante, con sus arcos y flechas, intercalados con las hileras de llamas o alpacas. Este sitio no está preparado para el turismo y carece de protección, por lo cual está siendo constantemente dañado.


El Noroeste Argentino (NOA)
En esta región las culturas agro-alfareras sedentarias han dejado numerosos restos arqueológicos. Se destacan por su valor artístico: la escultura en piedra, la cerámica y el trabajo de los metales, principalmente bronce y oro. Desde la época de la conquista incaica en adelante también se agregan los textiles, las máscaras de cuero, madera y plumas, y el trabajo con chaquiras (trocitos de conchillas) y cuentas de vidrio.

Los tempranos agricultores localizados en los valles occidentales de las provincias de Tucumán y Catamarca durante los primeros siglos de la era cristiana, fueron expertos en tallar la piedra granítica. A la cultura de El Alamito le corresponden las tallas más complejas de este arte lapidario, denominadas “suplicantes”, en alusión a la posición de las figuras con los brazos y el rostro en alto como implorando o en actitud de súplica. Son piezas medianas, muy pulidas, que representan esquemáticamente seres humanos con algunos rasgos zoomorfos. Su originalidad reside en su altísimo nivel de abstracción, así como en el juego de las líneas y los vacíos que las acercan notablemente a la escultura moderna. Existen muy pocas de estas piezas. Las más conocidas se pueden ver en el M.L.P.(donde venden réplicas autorizadas), otras se encuentran en el Museo Calchaquí de Catamarca, el M.A.A, en La Falda, Córdoba, o en colecciones privadas.

Otros ejemplos importantes del temprano arte en piedra lo constituyen: * las máscaras talladas - probables ofrendas funerarias que reproducen con gran simplicidad el rostro humano- , * los morteros o recipientes cermoniales -adornados en relieve con motivos humanos y felínicos, fueron seguramente usados para preparar sustancias psicoactivas- y * los monolitos o menhires cilíndricos -actualmente muy deteriorados y relocalizados en el Parque de los Menhires en Tafí del Valle, Tucumán (ver guía pp.243), originalmente pintados y grabados en una de sus caras, integraban círculos y recintos ceremoniales. La expresión de arte indígena más profusa de la región noroeste es sin duda la cerámica, que se manifiesta en numerosas formas, técnicas y estilos a lo largo de dos mil quinientos años de proceso cultural, desde los orígenes de las culturas agro-alfareras (550 a.C.) hasta la época colonial (siglo XVII). En el período Temprano o Formativo encontramos numerosos estilos. Entre ellos se destacan La Candelaria y Condorhuasi, por sus vasijas modeladas que representan seres híbridos (humanos y animales), realizadas en formas globulares, grises o negras lisas de fino pulido -en el primer caso- y rojas con una compleja decoración geométrica pintada en blanco y negro -en el segundo.

El máximo florecimiento artístico del Noroeste indígena se produjo como parte de la cultura de La Aguada, durante el período Medio o de Integración (450 -1000 c.C). En el valle de Ambato, al norte de la ciudad capital de la provincia de Catamarca, lugar de origen de esta cultura, se produjeron piezas de una belleza excepcional. En vasijas de colores negro o ladrillo claro de textura muy pulida, se despliega una notable iconografía. Son las imágenes que constituyen el conjunto básico de temas míticos y símbolos de la tradición religiosa de los Andes: felinos con sus fauces abiertas y enormes garras, figuras humanas portando armas y estandartes, ataviados con complejos tocados y vestidos, a veces llevan colgando de una mano una “cabeza trofeo” y de la otra, el hacha ceremonial de sacrificios -seguramente representaciones de jefes, shamanes o deidades- ; y también un varidado repertorio de saurios, batracios, serpientes y aves; generalmente acompañado por símbolos y decoraciones geométricas. Esta misma iconografía se encuentra también en las pinturas rupestres de la región de La Candelaria y de Ancasti en la provincia de Catamarca (sin facilidades para el acceso turístico), y en los objetos metálicos, especialmente las placas o discos de bronce (Ver “Disco Lafone Quevedo en M.L.P.) y las hachas ceremoniales. La principal colección de piezas de este período, así como fotos de las pictografías, se pueden visitar en el M.A.A., en La Falda, Córdoba.

A partir del primer milenio después de Cristo las sociedades indígenas del NOA se fueron militarizando progresivamente, sufriendo primero el dominio incaico y su anexión al Tawantinsuyu (estado inka) en 1480 d.C; y a partir de comienzos del siglo XVI la invasión y conquista europea. Si bien se priorizó la fabricación de armas y construcciones defensivas, algunas de estas sociedades, como la que se concentró en el valle de Santa María, al norte de Catamarca, ha dejado las expresiones más características desde el punto de vista estético: las famosas “urnas santamarianas”. Debido a su abundancia y a su alta calidad artística fueron muy comercializadas. Lo cierto es que en la mayor parte de los museos del mundo se pueden econtrar algunas de estas grandes vasijas, pintadas profusamente con un repertorio de motivos geométricos y naturalistas en blanco, negro y rojo, que fueron originalmente utilizadas para el entierro de niños. Uno de los “tesoros”del M.E. de Buenos Aires es la “Urna Quiroga”, de este mismo estilo, cuya particularidad es la presencia junto al habitual cuello evertido, de un personaje modelado que toca una flauta de pan. Paralelamente a la cerámica, se destaca el trabajo de los metales: discos, hachas, pectorales, campanas, tensores y otras piezas finamente decorados con rostros humanos de líneas muy simples, personajes con escudos y serpientes de dos cabezas, con una terminación de pintura roja .

Se pueden apreciar piezas arqueológicas de las diversas culturas y estilos del NOA en varios museos, entre ellos: el M.E. y el de B.A. en Buenos Aires; el M.A.U.N.T. en Tucumán ; M.A.Q. en Catamarca; y el M.L.P. en La Plata; así como en los museos arqueológicos locales de las ciudades de Catamarca, Salta y Jujuy y de localidades más pequeñas como Tilcara, Humahuaca, Tafí, Cafayate, Cachi, Santa María, y otras.


Centro y Sur de la Argentina
En el norte de la provincia de Córdoba se encuentra uno de los yacimientos con pinturas rupestres más importantes del país: Cerro Colorado. Hay cientos de sitios en las inmediaciones del cerro, con más de 30.000 motivos distribuídos en aleros y paredones. Entre la gran variedad de figuras se destacan las escenas de lucha entre indígenas -con plumas, arcos y flechas- y españoles -representados a caballo, con lanzas, espadas y botas-. Es uno de los pocos ejemplos en el país donde ha quedado el testimonio de la visión que los aborígenes tuvieron de los conquistadores. Estas imágenes se remontan a mediados del siglo XVI y pertenecen a los antepasados de los comechingones. El área de Cerro Colorado ha sido declarada “Parque arqueológico y natural” por la provincia de Córdoba, y está propuesto como patrimonio de la humanidad de la UNESCO. (Ver guía pp. 177)

Hacia el Sudoeste, en la provincia de Neuquén, encontramos el territorio de los mapuches o araucanos, ingresados desde Chile durante el siglo XVIII. Expertos en diversas artes, se destacan por sus textiles, de complejos y coloridos motivos geométricos; por la platería -pectorales, colgantes, aros y prededores usados por las mujeres durante las fiestas y ceremonias- y por las tallas en madera, que generalmente imitan los rostros severos y simples que adornan los rehues, troncos tallados que forman parte de los altares en los rituales chamánicos. Expresiones contemporáneas de estas artes se encuentran en los buenos negocios de artesanías, tanto de la zona como de Buenos Aires.

El resto de la Patagonia estuvo poblada durante varios milenios por los tehueches y sus antepasados, pueblos nómades que vivían de la caza y la recolección. La expresión artística más característica es su arte rupestre que abarca desde las antiguas manos negativas y escenas de caza de guanacos hasta los estilos más recientes de pisadas humanas y animales grabadas, así como las pinturas de “grecas” (tipo guardas griegas) y laberintos. La misma decoración geométrica se encuentra en los quillangos (cueros de guanaco, potro u oveja) pintados, que utilizaban como mantos y en el interior de los toldos; así como en unas notables piezas líticas con forma de hachas o clavas ceremoniales. En el extremo sur, los selknam u onas del territorio de Tierra del Fuego, pintaban sus cuerpos con signos de extrema simplicidad y dramatismo, para la realización de sus complejos rituales. Se pueden ver piezas mapuches, tehuelches y onas en el M.P. de Bariloche (especialmente cueros pintados), en el M.E.de Buenos Aires (esp. Rehues) y en el M.T. de Ushuahia.